A MÍ ME CRIO LA TELE

Siempre que en una conversación sale el tema de la educación en la infancia yo respondo “a mí me crio la tele”.

En un hogar obrero donde mi hermano, 13 años mayor que yo, trabajaba todo el día y mi madre, cabeza de familia, se iba a las 6 de la mañana a trabajar y volvía a casa a las 7 de la noche la tele fue una gran compañía y guía.

Podría decir que Naoko Takeuchi fue como otra madre para mí. Con su trabajo Sailor Moon aprendí el valor de la amistad, sobre el mundo LGBTQ+, sobre la magia y a llorar de frustración frente a la pantalla mientras sonaba el ending de la serie, porque sabía que ese mundo de fantasía 2D era irreal. Lloraba porque nunca sería una sailor scout de cabellos azules. Tenía que volver a la escuela donde era bicho raro.

Para mí la realidad, lo mundano, lo cotidiano, era algo que evitar, algo que siempre me había maltratado. La fantasía era un lugar que me permitía ser otro, que en realidad era mi yo completo, sin burlas, ni juzgamientos hacia mi persona.

Así a los 12 años dije “quiero ser dibujante de historietas”, obviamente de estilo japonés. De esta manera comencé mi carrera en las artes visuales estudiando dibujo y pintura orientándolo hacia la novela gráfica pero resultando no ser muy buena. En la búsqueda también estudié música y en un momento mi vida fue un debate constante entre esta disciplina y las artes visuales, que hoy de alguna u otra manera combino.

Un día casi de casualidad empecé a tomar fotografías, a divertirme, a explorar y a encontrar en la fotografía una conexión, comencé a sentir que finalmente era buena en algo.

Me pasaba las tardes cantando en japonés frente a la computadora, dibujando, viendo anime o leyendo. De a poco fui conociendo el trabajo de artistas de todo el mundo. Las obras de escritorxs, aristas visuales, animadores, músicxs, cineastas me abrazaron y con ese abrazo mantuvieron cierta parte de mí a resguardo.

Por todo esto siento que mi obra es muy variada y que en ella se ven reflejadas todas estas influencias que me formaron no sólo como artista sino como persona.

Hago fotografías pensando en cine, en música, en pintura, en historias. Hago fotografías para conectarme, para comprender el mundo y comprenderme. Hago fotografías pensando mucho y sin pensar nada, con cualquier medio o técnica, hago fotografías porque sino no sé que estaría haciendo.

Ligia Berg, 11 de abril de 2019.

Madrid, España.